Una noche de contracciones, 5 de dilatación y tres pujos después bastaron para conocer a Fran. Se ve que ni él quiso laburar un 1 de mayo. A la media hora de recibir apenas un punto por un mínimo desgarro, estaba feliz como perro con dos colas desayunando en mi habitación. Es más, antes de almorzar me levante y fui solita al baño. Un lujo, no?
Días después, con esa euforia casi olvidada y muchas horas adaptación a la nueva vida de 4 en casa, me surgió esta pequeña ListaHashtag de cosas que realmente duelen. Si después o mientras la lees se te ocurren más, te espero en los comentarios!
> Duele dar la teta cada una hora y media con los pezones sangrantes y agrietados.
> Duelen la espalda y la cintura después de dormir salteado durante 20 días.
> Duele pasar dos días internada con tu bebe de 4 días por la bilirrubina. 48 hs bajo la lámpara y unas 47 y media de llanto.
> Duele tener que ver cómo le pinchan las manos y los pies y lo "judean" para sacarle sangre 6 veces en dos días.
> Duele que todavía haya gente que piense que los tres meses de licencia son vacaciones, cuando vos solo vivís limpiando caca, lavando ropita, durmiendo salteado y respondiendo boludeses a los opinólogos de turno.
Eso sí, todo el dolor se esfuma cuando su hermanito mayor se acerca con un muñequito en sus manos y le dice que se lo presta para que no llore.
Una ronda de mate o mesa de café virtual (depende de qué lado de la general paz naciste) donde las madres –presentes, recurrentes y futuras- podemos encontrarnos, refugiarnos, pelearnos, escaparnos, desentendernos, sentirnos reflejadas y sobretodo decir lo que nos pasa.
viernes, 24 de mayo de 2013
viernes, 19 de abril de 2013
Cuerpo tomado
Ayer leí la mejor descripción de la
semana 37 de embarazo: Casa de Tomada
de Julio Cortázar. Esas habitaciones eran de algún modo mi
cuerpo. El altillo paradógicamente eran mis tobillos y pies.
Hinchados, enormes, escapando casi de cualquier calzado. Del mismo
modo las piernas eran las habitaciones contiguas que a través de
micro arañitas azules llevan y traen cansancio hacia ambos extremos.
Llegando a lo que solía ser la cadera, encontramos lo que quedó de
la pelvis. Como ya es imposible verla, depilarse se vuelve un acto de
fe, ya sea casero o en cualquier salón de belleza. A partir de ahí
todo está “okupado” por este nuevo ser, que desde allí maneja
cual titiritero el escaso equilibrio que le queda a la cadera y se
transmite a las rodillas. La famosa panza que ya pide permiso por si
sola en cualquier medio de transporte, la imagino como el salón de
los pasos perdidos de la Rosada. Imposible calcular sus dimensiones.
Este es el centro de operaciones del Okupa que se se ha tomado el
trabajo de correr mis órganos como muebles, vaya uno a saber a
dónde. Y tal como hacen los peces, a medida que fue creciendo, fue
acaparando más recovecos y metros cuadrados llegando a tomar todo el
torso y hasta los pechos. De hecho su poderosa influencia ha hecho
que luzcan caídos, casi como vigilándolo para no perder más
espacio.
En esta guerra perdida que se asemeja a
la caída del imperio romano, la conquista continúa en lo que serían
las alas este y oeste (mis brazos) que lo escoltan dando envión a
las pocas caminatas que le permite a mi (su) cuerpo convertido en
caballo de Troya. El último bastión que le resta gobernar es la
cabeza. Gracias a lo cual todavía puedo escribir estas palabras.
Pero la batalla final está muy cerca. Y si mi humilde experiencia no
me falla. Creo que su victoria está asegurada. Por más que dentro
de unos días esté fuera de mi cuerpo, luego de tenerlo en mis
brazos y reconocernos, todo mi cuerpo y vida le pertenecerán por
completo.
sábado, 6 de abril de 2013
Dando lástima
Hace más o menos una semana que
mientras camino siento que la gente mira mi situación más que embarazosa (35 semanas, 8 meses para los que no les gusta sacar
cuentas) y me arrojan metafóricas monedas de lástima a través de
sus ojos y/o comentarios.
Una de las más terribles fue a la
salida del jardín de Joaco. Para los que no saben les cuento que
nosotros este año además de tener un 2do hijo en breve nos seguimos
complicando la vida mandando al retoño de 2 añitos por la mañana al
maternal y por la tarde al jardín donde esperamos haga primaria y
secundaria. Suena a que super planificamos su vida. Pero la verdad es
que es un chino por donde lo mires. Estamos los 3 extenuados. Y
recién es ABRIL!! En fin, la cuestión es que desde que tengo panza
Joaco no quiere caminar. Quiere siempre UPA. No pronunciaba esa
palabra hasta mi embarazo. Y ahora no hay manera de que se mueva por
sus propios medios. Entonces, mamá, que ya lleva entre 10 y 12
kilitos del hermanito en la panza, debe alzar otros 15. Aguantás una
cuadra y le exigis/suplicás que camine aunque sea media cuadrita
hasta la estación de subte, Se niega rotundamente tirándose al piso
y revolcándose de un lado al otro. Una, con el exagerado embarazo
que ya se molestan entre panza y piernas, le tira de la mano para que
se levante, obviamente sin respuesta. Ahí pasa la primera señora
diciendo “Que lindo nene” (A lo que respondo para dejarlo en casa
o sacarlo en carrito porque no camina). La señora me mira con desdén
y se va. A los 20 metros aparece otra que lo increpa directo “Ayudala
a la mamá. No ves que tiene a tu hermanito” Y me dice, con esa
mirada de “Acá te tiro la posta”: “Esos son celos”
Yo me río por no llorar mientras pienso “Descubrió la pólvora”
y sigo caminando convencida que después de esa frase la señora no
me va a ayudar de ninguna manera.
Pero esta no es tan rápida como la primera y sigue tirando frases
innovadoras cuando al pasar otro viejo le dice en tono de broma al
nene “¿Y si la cargás vos a mamá?
Sí, igual de idiota que el resto, pero más simpático. Síntesis que
no se cómo llegamos a la esquina de casa. Previo paso por el subte
donde una panza que despierta el interés del 80% de la población
que me cruzo a diario más un nene de casi 1 metro vestido de pintor
no logran “pedir” el asiento por la sola y amplia presencia.
Caminado los últimos 80 metros (parecen las carreras de Palermo “Y
cruzaron el disco”) me detiene la vendedora de una boutique a la
voz de: “Disculpame. Pero no podés seguir así. Ese nene
está grande tiene que caminar porque vos vas a parir acá. Esperá
que le traigo caramelos.” Ja!
Con el “premio” en mano mi hijo se bajó a negociar. La piba
super piola le dice: Si te doy caramelos caminás?
Y el muy lerdo le arremetió los caramelos, me dio uno para que le
abra y se fue caminando hasta casa.
Ahora
el broche de oro en decadencia fue el viernes cuando un amable señor
de seguridad me ofrece pasar por la puerta en vez de los molinetes
del edificio. Y una vez dentro otro policía ya me ofrece salir por
el patio (portón doble hoja tipo estacionamiento) para que no de toda la vuelta
hasta los molinetes. A esa altura ya sin mochilas ni hijo de 3 años
encima una se siente una verdadera carpa de circo.
jueves, 21 de marzo de 2013
Seguridad a la pista
33. Número mítico si los hay. Los 33
orientales que lucharon por la independencia de lo que hoy es Uruguay. Los 33
años que tenía Jesucristo al morir y ese número que nos hace decir el médico
vaya una a saber porqué. La cuestión es que hoy cumplo 33 semanas de mi segundo
embarazo y NO DOY MÁS. Sí ya se que para que nazca a término debo esperar
aunque sea 4 o 5 semanas más. Pero me tienen repodrida todas las cajeras de supers,
chusmas de subte e ignotos curiosos repitiéndome “¿Es uno solo?, ¿Cuánto te
falta?, Ya estamos, no?” Y después la de siempre ¿Nena o varón? Salvo las
viejas que esas la tienen re-clara y ya te preguntan de toque ¿Para cuándo es
ese varón? Al principio les sonreís y después les decís no doy más cortame la
charla que me quiero ir a tirar a mi casa, subir las patas y rogar que mi otro
hijo me de 5 minutos de paz.
Y a eso iba. ¡Cuán diferente es este
embarazo del primero! Por dió! Mi primer hijo me pintó al óleo literalmente.
Solo juega conmigo si no está el papa. O me busca para que le de comida, le
compre cosas o lo lleve a lo de Abu. Léase soy un medio para llegar a un fin.
Para completarla, cada vez que lo voy a buscar al jardín, para lo cual una
trastoca todos sus horarios, el muy turrito corre a abrazarme, sonríe, me da su
mochilita, pide upa y una vez arriba, mientras soporto 15 kilos y los 10 del
embarazo me dice “Quiero papá” ¿Un capo, no? Una respira hondo, piensa en las
recomendaciones del pediatra que el chico está estresado, que este año sufrió y
está sufriendo muchos cambios, que hay que tenerle paciencia, que hay que
contenerlo… Bla, bla, bla (sí, ese mismo que se hacía el duro y te decía que él
se adapte porque es el nuevo hoy, patea para el otro lado. Traidor!!!) En fin,
cuestión que con una sonrisa falsa en la boca le dice que ya vamos a casa con
papá. Le suplicás que camine al menos hasta la calle para tomar un taxi, pero
contesta con un rotundo NO imposible de negociar. Pero la tragedia no termina
acá. Este pequeño gorrión de mamut cruza de Lucifer con Jaimito, ha reducido su
vocabulario a dos o tres palabras que alterna para taladrar a Dios y María
Santísima desde que llega a casa tipo 17 hs hasta que se duerme (22h) PAPI,
PAPI, PAPI, PAPI, PAPI, PAPI, JUGAR, JUGAR, JUGAR, JUGAR, JUGAR, COMER, PAPI,
PAPI, PAPI, JUGAR, JUGAR, JUGAR, JUGAR, y así. Entre un juego y otro, cada vez
que tiene oportunidad le pega a la panza haciéndose el gracioso -“sin querer” por supuesto- pero con
malicia, y ni se te ocurra decirle arriba mío no, porque se te instala
estirándose para atrás solo para aplastar la panza y “decirle” al de adentro
“¿seguro que querés salir de ahí?
Ahorta, lo mejor es el ánimo que te da la
gente cuando una comenta estos celos enfermizos de mi retoño. El otro día
mientras respondía las preguntas que comento más arriba, dando por sentado que
razón era que nosotros le habíamos dado un hermanito sin que él lo pidiera. Ni
te imaginas lo que me dijo otra jodida “¡Uh! Na, vas a tener que prestarle
mucha atención. Inclusive psicológica.”
Ahh mbueee! Ahora SI me das la tranquilidad que necesita una embarazada de 8
meses que apenas puede descansar entre su trabajo, hijo y lo que le queda de
vida personal! ¡Eso es apoyo moral! ¿Acaso mi hijo es el primero en tener un hermano
en el mundo? ¿Estamos todos locos? ¿a dónde quedaron esas frases de una amigo
para toda la vida, la persona más parecida a vos, un compañero en los tiempos
más difíciles… alguien que aguante a tus viejos además de vos? ¿No nos estamos
yendo de mambo con la contención? ¿Y a los padres quién nos contiene? Cuando un
pibe pasa de ser demandante a ser tu sombra, una garrapata que se te adosa
gritando jugar, que no entiende que una debe ir al baño cada tanto, comer,
dormir… Y no hablo de un viaje al Caribe, necesidades básicas nomás. Mbue en
medio de ese KAOS está por nacer F. Y yo más que preocuparme del moisés, la
ropita, el huevito busco patovicas de cuna que trabajen 7 x 24.
miércoles, 23 de enero de 2013
Lista negra
Luego de varias experiencias como cliente, ciudadana o
simple consumidora embarazada, me he decidido a aplicar la sanción social a
todas aquellas empresas u organismos que no tengas filas o sistemas de
prioridad para personas con movilidad reducida en sus oficinas o locales.
Eso sí, para ser justos haré dos columnas donde
comunicaré quienes lo aplican bien y quienes siquiera lo han pensado. Ya se que muchos en estos días de fin y
principios de año, con calores inusitados no tenemos ganas de ceder asientos, o
sitios para estacionar o simplemente lugares en una fila eterna, pero la
realidad es que la prioridad no es un favor que nos hace alguien bien educado,
o “buena onda”. Es un derecho al que debe acceder cualquier persona embarazada,
con bebés, con bastón, o cualquier discapacidad motora o física.
De los últimos días puedo comentar que:
Easy (por lo menos el de Palermo) posee
estacionamiento exclusivo para embarazadas más cerca de las puertas de entrada
y cajas con prioridad.
Movistar (el de Callao y Santa Fe) no tiene
ningún tipo de prioridad, ni en filas, ni trámites, ni una persona de seguridad
que haga pasar primero a quien lo necesita.
En el Village
Cinemas Recoleta claramente somos menos que actrices de reparto no tenemos ninguna prioridad ni en las
cajas para comprar entradas, ni en el kiosco que vende pochochos ni en los
baños de damas. En todos los casos dependemos de la buena voluntad y educación
de quienes tengamos a nuestro alrededor.
Los supermercados son un mundo aparte. Si bien todos tienen
una caja exclusiva para embarazadas y discapacitados o personas con movilidad
reducida, no siempre están señalizadas o a la vista para encontrarlas. Por
ejemplo en Carrefour tenés que
convertirte en secretaria de Sofovich moviendo las ensanchadas caderas y los productos
que llevás, y aún así como no conseguís llamar la atención ni complacencia del
cajero ni ningún cliente de la fila, te acercás y preguntás algo evidente “Esta
es la cola de Prioridad?” dándole una chance para que te digan “Sí, pasá”. Bueno
no. Te responde un seco “Sí” la típica vieja avinagrada que se apura por
desplegar todos sus productos en la cinta para que no le ganes el lugar. El
cajero, obvio en su mundo automático ni se enteró que yo estaba ahí.
Ahora, anotá en el Disco de Santa Fe entre Bustamante y Austria hay un cajero que es
una especie en extinción. Te atiende muy amablemente aunque no estés en la caja
de prioridad, e avisa qué caja te debería dar prioridad y te comenta “Con buena
educación uno debe hacer valer la prioridad. Y al saludarte agrega: “Que tengas
un feliz embarazo.”
Después tenés el Vea
(ex Discos convertidos en supers de ahorro) tanto que hasta sus cajeros
ahorran en sonrisas y amabilidad. Luego de convertirte en contorsionista para
que todos vean tu panza y de den la prioridad que te corresponde por ley, apenas
conseguís que te vean los clientes de la cola con caras de traste y miradas lanza
puñales (al mejor estilo CQC) por ser la desubicada embarazada que llegó a la
fila exclusiva justo después de ellos. El que sigue refunfuña para dentro, ahí
se despierta el cajero, te ve y te dicen con desdén, “Pase”.
Otra experiencia religiosa son el Subte y los Colectivos
de CABA, donde rige a pleno la
ley de la selva y el menor esfuerzo. Básicamente hay que entrar gritando cual
Tarzán “Un asieeento por favooor que
estoy embarazaaada” para despertar a los “dormidos” que aunque tu panza les roce la nariz juran por su madre
que no te vieron. Si bien debo admitir que a veces tengo la dicha de cruzarme
con choferes buena onda que apenas me ven escalar la puerta del bondi,
solicitan a su modo un lugar para vos, y en el subte extraordinariamente en la
estación se acerca un “rara avis” que
me pregunta “Te da vergüenza pedir el asiento? Porque a mi mujer le costaba. Si
querés lo pido por vos.” Mi humilde conclusión sobre lo expuesto es que la
falta de civismo, educación, roce social o simple solidaridad (como les guste
llamarlo) es entre pobre y nula. Creo que es un deber de toda madre, padre o
tutor educar a nuestros hijos en este sentido para que el día de mañana cuando
seamos nosotros los viejos con movilidad reducida, no tengamos que mendigar un
asiento, un lugar en la fila, algo de prioridad. No se qué pensás vos que me
leíste hasta acá. Sumá tus experiencias en empresas, oficinas, transportes. A
ver si entre todos usamos el arma más poderosa: la sanción social.
lunes, 7 de enero de 2013
Instrucciones para engordar sin engordar
Sin intención de exagerar creo que
desde que tengo uso de razón, hago o me tienen a dieta. Si bien acepto que tengo una humanidad generosa, amante del buen comer y un físico que asimila hasta una manzana, siempre envidié a las flacas como mi hermana que se daban panzadas de lo que sea y no se les hacía rollo ni cuando se sentaban. De muy chica me ponían a dieta por descomposturas estomacales cada dos por tres, de adolescente tuve que recurrir a ella para entrar en los
vestidos de las fiestas de 15, de joven para poder lucir bikinis y
ahora hoy vuelve como Matrix reloded a re re re re re re re re re y
unos 10 re más con el embarazo.
Lo peor es que me jode terriblemente
estar a dieta. Prohibirme sabores. Vedarme el paladar o peor,
destinarlo a cosas insulsas, dulces metálicos, ensaladas - pasto, o
galletitas que asemejan el cartón Paspartou. Decí que cambió tanto
el mundo y con él nuestra percepción del mundo, porque yo de chica
(tipo 8 o 10 ponele) recuerdo una tarde que andá a saber porque
hablaba de las dietas con mi abuela y le tiré: “Yo después de
casarme no hago más dieta, quedo embarazada y chau.” Iluuusaa.
Al toque la abuela retractó: “Es que es más difícil mantener una
pareja que conseguirla. Tampoco vas a poder engordar demasiado.” Y
ahora que lo recuerdo no se si habrá sido consejo, percepción o
designio de la naturaleza, pero la realidad es que desde hace más de
20 años que la dieta ya no es una excepción sino un modo de vida.
Con altibajos, comienzos de lunes y dejadas de martes. Pero ahí
está.
Ahora. Desde que el mundo es mundo la
mujer cuando está embarazada engorda. Y ni siquiera por propia
decisión. Engorda porque el pibe o piba ocupa un lugar en el espacio
que da la casualidad que es adentro de una, vio? Te repiten hasta el
cansancio que lo que vos comés es lo que come el feto. Y no podés
comer pescado crudo, ni chorizo, ni tomar alcohol, ni fumar, ni, ni.
Ahora vos leés que este jugo tiene ácido fólico y tomás, leés
que las frutas secas tienen mucho omega 3 que le hace bien al
desarrollo del feto y comés -porque de paso te sacia la ansiedad-
Ahora vas a esa turrita balanza del consultorio de la nutricionista y
la muy hdp te tira el peor número de tu vida. Y encima de la mala
nueva te comés un reto. ¡Te dije que no subás más 7 en todo el
embarazo! Si, todos pedimos imposibles. Yo también le pido a
Dios ganarme el Quini y acá sigo pobre. Si todas las revistas y webs
de padres te dicen que el número razonable para tener un bebe sano,
es de un quilo por mes, o sea entre 10 y 12, ¿Porque a mi me dejan
solo 7? Respuestas: “Cosete la boca” dijo mi mamá. “Salí
a caminar” dijo el padre de la criatura.“Mejor. Así vas a
volver a tu peso antes”, dijeron algunas amigas.
La cosa es que a mitad de embarazo
apenas me quedan 3 kilitos por subir y 5 meses por transitar. O sea:
estoy al horno (sin papás porque engordan). Si a alguna lectora
amiga se le ocurre un consejo sabio para poder engordar sin engordar.
O mejor engordar pero sin subir de peso espero su recomendación ASAP
(as soon as posible -como dicen los cancheros) porque desde el jueves
que me pesaron a hoy, seguro YA SUBÍ!
jueves, 20 de diciembre de 2012
Segundo
Hace
casi dos años y medio, mientras salía de la sala de partos con la
analgesia aún en mis piernas, recibía un
saludo-consejo-casi-mandato de la gentil enfermera que ayudó a nacer
a Joaco: “Te esperamos dentro de dos años para la nena.”
Apenas me sonreí y creo haberle respondido “Dale”. Como quien se
encuentra con un viejo amigo en la calle y le dice “Te llamo y
almorzamos”. O sea para quedar bien, pero no lo llamás nunca.
Lo
que sí recuerdo es que a la semana, estaba 100% convencida de que no
sería tan pronto. Pero después de tanto tiempo una se olvida de las
noches en vela, la teta cada 2 horas y media y los murales de puré
en las paredes, porque lo que permanece en la memoria son las
sonrisas, los abracitos, y los dulces mamá que nos despiertan cada
día. A la par, sentimos que a lo lejos suena virtualmente el reloj
biológico en nuestra cabeza cuando soplamos las 35 velitas, y
mbue... nos lo planteamos de otra manera.
Y
recordando esta sentencia, viendo a Joaco jugando solo en su cuarto,
rememorando viejas andanzas con mis dos hermanos y escuchando cada
vez más seguido ese fatal “Y el segundo para cuando” nos
embarcamos inconcientemente en la búsqueda del famoso hermanito.
Esta vez mucho más relajados, suponiendo o vislumbrando que
conocíamos por lo que íbamos a pasar y por supuesto queriendo que
Joaco disfrutara de esa maravillosa sensación de tener un hermano.
Un amigo, confidente, compañero de vida. Alguien con quien charlar
antes de dormir. Quien te haga un lugarcito en la cama cuando hay
tormenta. Alguien a quien pasarle la ropa. Con quien aprender a
compartir los juguetes, los amigos, los padres. Y a este punto va el
post.
Porque
si bien todos te cuentan de los celos que van a surgir entre
hermanos, jamás pensé que fuera tan pronto. Antes de mirar el
resultado del Evatest, Joaco ya estaba insoportable. Se convirtió en
un ataque de nervios permanente. Un pegoteo desmesurado conmigo. Unas
patadas o manotazos a la panza cada vez que puede. Es más, si fuera
nena creería que le vino o le está por venir, porque le surjen de
la nada unos altibajos emocionales, típicos del prototipo de mujer
histérica. En segundos y sin motivo aparente se largan un llanto
propio de un golpazo y al toque por la misma razón (o sea ninguna)
se matan de risa.
Esta
situación me llevó a reflexionar sobre cómo serían los primeros
días del/la segund@ -al día de hoy no sabemos qué será- . ¿Te
diste cuenta que el segundo ya tiene competencia antes de conocer el
mundo? Encima, no se le presta ni la mitad de atención que al
primero. Yo personalmente, no leo cada noche el diario de un embarazo
para ver qué le pasó hoy. Ni le ponemos música tan seguido. Ni
sigo la dieta como antes. Y aunque trato de caminar siempre que
puedo, no hago gimnasia como antes. Además de tener que levantar a
Joaco cuando se empaca. Y tantos “ys”... que me ataca la culpa y
siempre que puedo trato de ser ecuánime. Sobretodo porque yo siempre
me quejé de esa desigualdad entre el primero y el segundo. Pero es
casi imposible. El de afuera demanda como si supiera que se le
termina el reino pronto. Y el/la de adentro ni se imagina lo que le
espera. Una vida plagada de comparaciones “Es más largo, gordo,
lindo, tranquilo... y demás guachadas... que Joaco”, un
guardarropas de feria americana (incluso si es nena), un carrito,
huevito, cuna y hasta juguetes usados... ¿A los cuantos meses conoce
“el olorcito a nuevo”?
Ahora,
si los médicos saben que a los chicos de 2 les cuesta este tema, me
podés explicar ¿porque demonios te joden para que tengas otro a los
2? Obvio ¡¡Para joderte la vida!! Porque ellos lo traen al mundo
pero el que se lo banca todos los días sos vos. ¿Cómo harán esas
mega familias que se les ocurre tener 5, 6, 7 y hasta 8 pibes? ¿Tan
masoquistas son? ¿Será verdad que del tercero en adelante se cría
solo? ¿Hay una edad óptima para tener al segundo? Yo ya estoy al
horno, pero por si te sirve te cuento. Muchos artículos de internet
dicen que lo mejor es antes de los 2. Pero con lo que me costó a mi
adaptarme a esta nueva vida, esa no era opción. Otras mamás que de
2 a 4 está bueno para que jueguen juntos y compartan más cosas. Pero
bancate la época de los berrinches de los 2. Porque con un embarazo
le estás dando una razón más que valedera para que se encapriche
con pavadas. La
última es que sean más grandes y probablemente te pidan ellos un
hermanito. Aunque indefectiblemente surgirán los celos en algún
momento.
En
síntesis, “si
te gusta el durazno, bancate la pelusa.”
No leas tanto, ni te informes en demasía, ni le rompas tanto al
pediatra, la maestra y el obstetra con preguntas sin respuesta.
Recordá a aquellas madres inmigrantes de principios de 1900 que
tenían entre 10 y 13 hijos. Seguro que jamás se plantearon todo
esto. ¡Y sobrevivieron!
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